Yo “capé” a Gabo

Por Rodolfo Prada

En la agonía de una tarde de sábado el editor de turno puso en mis manos las hojas que contenían un discurso escrito por Gabriel García Márquez. “Hágase una notica de esto para publicarla en la edición de mañana”, me pidió.

La única pista para suponer que aquello podía ser una noticia era que en la parte superior de la primera de esa sarta de páginas se leía algo sobre un homenaje a Álvaro Mutis. En efecto, días después el mismo Gabo leería el discurso en un homenaje al autor de “Ilona llega con la lluvia”, con motivo de sus 70 años.

Leí el discurso con la pasión que siempre me han despertado los escritos de García Márquez, arranqué de él los fragmentos que me parecieron más emotivos y construí con ellos la “notica” que apareció publicada en un cuarto de página interior de la edición del día siguiente.CARICATURA GABO ABRIL 21 2014

El lunes siguiente, a media tarde, cuando llegué a trabajar a la redacción de El Espectador, mis colegas periodistas me bombardearon con una ráfaga de aplausos. “Aquí llega el editor de Gabo”, gritaron.

Sobrecogido, no por los aplausos sino porque sabía que se trataba de una mofa, pregunté a qué se debía la alharaca. Me respondieron con otra pregunta: “¿No has leído la carta del día?”. Cuando la leí, me cayó completo el regaño que Gabriel García Márquez le daba en su mensaje epistolar al comunicador que había osado destrozarle su discurso para Mutis. Peor aún: la carta saldría publicada en las páginas editoriales de la siguiente edición.

La memoria no me da para recordar el mensaje textual, pero en él Gabo hablaba de un comunicador social hecho al vapor en alguna facultad de comunicación, que había destruido en un segundo un texto al que le había dedicado siete días con sus siete noches. Decía la carta que el desastre se debía al famoso síndrome de la chiva, que estaba terminando con el periodismo y que iba a terminar con el país.

Iluso yo, cuando le pedí al jefe de información que me permitiera ejercer mi legítimo derecho a la defensa, no para contraatacar a Gabo con otra carta, sino para explicarle que la noticia no la había escrito con el ánimo de chiviar a nadie, sino por la simple lógica de que todo cuanto dijera el Nobel, donde lo dijera y ante quien lo dijera tenía valor de noticia. El jefe me paró: “no le preste atención a eso, que no tendrá trascendencia”.

En verdad, no la tuvo. Salvo mis compañeros de redacción, nadie en el mundo me reclamó por mi osadía. Pero tampoco nadie, salvo los editores, se enteró que el discurso de Gabo lo había dejado, por descuido, uno de los directores del periódico sobre el escritorio del editor de turno de ese sábado, sin instrucción alguna.

Supe, después de los aplausos, que existía un acuerdo entre los directores y el mismísimo Gabo para que el discurso se publicara textual, sin modificarle un coma ni caparle una línea, en la primera página de un cuadernillo de la edición dominical. Así que por el descuido del director, por la intuición del editor y por mi devoción a la noticia, chivié a Gabo y chivié a mi propio periódico.

El asunto no pasó a mayores, pero hace unas semanas, cuando me encontré el discurso titulado “Mi migo Mutis”, en la página número 73 del libro “Yo no vengo a decir un discurso”, me sobrecogió el recuerdo de este episodio y no pude más que soltar una sonrisa solitaria.

Hace unos días, el director de En Directo, a quien yo le había confesado esta historia, me leyó, letra por letra, el titular de una nota incluida en la edición especial que publicó Revista Semana en homenaje a Gabo. “Profesor Prada, aquí dice: ‘Editar a Gabo era un trabajo exigente y delicado, pero a la vez un privilegio que pocos tuvieron’”. Y se burló: “¡felicitaciones!”

Luego, me remató con la última oración del primer párrafo: “A Gabriel García Márquez no se le edita, se le publica”.

Lo peor de todo es que Gabo tuvo siempre la razón, aunque yo nunca quise editarlo. Y me quedó claro que los discursos de los literatos y los intelectuales son piezas intocables. En eso se diferencian de los discursos de los políticos.

Notas: Este texto fue publicado en el periódico En Directo, que edita la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana, en la edición de mayo de 2014. La ilustración que lo acompaña fue elaborada por mi ya viejo y talentoso amigo periodista y caricaturista (no sé si más lo segundo que lo primero) Javier Zambrano.

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Un comentario en “Yo “capé” a Gabo

  1. El editor siempre estará entre la realidad y la incomprensión. Los textos que llegan a sus manos corren el riesgo de la subjetividad, la tiranía del espacio y la estética del diseño. El mismo GGM decía que todo texto es capable, pero se necesita mucho tino para mejorarlo o no desfigurar su contenido. A mi me pasó que envíe a una practicante a capar unas líneas y le quitó el título a la noticia. El regaño de don Hernando Santos fue fenomenal y el cargo estuvo en peligro.

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